jueves, 27 de febrero de 2014

Podcast: Versiones inesperadas


No existe nada peor que versionar una canción ajena y calcarla. En algunos casos llega a funcionar, pero siempre queda mucho más soso que si el artista en cuestión intenta llevársela a su terreno. También es cierto que hay quien se pasa de la raya y termina estropeando la canción. Muchas veces basta simplemente con que el intérprete se apropie de una canción que, inicialmente parece estar lejos de su área de acción creativa o sus gustos.




Marc Almond es un gran ejemplo de cómo rendir homenaje a una canción y a la vez devolverle algo. Lo hizo con Soft Cell y “Tainted Love”, pero también en solitario, cuando grabó en 1992 “Like A Prayer” de Madonna. John Cale también transportó “Hallelujah” de Leonard Cohen a otro mundo con su versión, que sirvió de molde para que Jeff Buckley y Rufus Wainwright hicieran las suyas. Fangoria transformaron “Here Today, Gone Tomorrow” en Arquitectura efímera, haciendo sonar a Ramones de un modo completamente distinto.


 Más recientemente, Arctic Monkeys grabaron “I Wanna Be Yours” de John Cooper Clarke, pensando que musicaban un poema suyo cuando en realidad estaban rehaciendo una canción que ya existía. Es otro un buen ejemplo de cómo aproximarse a las canciones ajenas, un tipo de maniobra al cual le dediqué unos de los programas de radio de Nada Especial y que puedes escuchar clicando aquí.






miércoles, 26 de febrero de 2014

La historia de "Je t'aime..moi non plus"




Coincidiendo con el 40 aniversario de "Je tàime... moi non plus", GQ me encargó un artículo sobre la canción y su historia que se publicó en el número de febrero de 2014 de la revista y cuyo texto reproduzco aquí abajo.

Una noche a finales de 1968, Serge Gainsbourg irrumpió en el hotel parisino en el que vivía con Jane Birkin. Fue hasta el restaurante y le pidió al pianista que reprodujera el acetato que llevaba consigo. El hombre siguió sus instrucciones. Un momento después, una canción se apoderó del restaurante, dejando atónitos a todos y cada uno de los comensales, que no daban crédito a lo que estaban escuchando: una opulenta balada de amor de aire casi religioso, surcada por jadeos orgásmicos. Cuando vio aquellas caras, Gainsbourg supo que Je t’aime... moi non plus iba a ser un éxito. No estaba equivocado, aunque a decir verdad, la canción estaba destinada a convertirse en mucho más que un superventas.



Gainsbourg llevaba años componiendo éxitos para otros artistas, mujeres casi todas ellas, de Nana Mouskouri a Petula Cark pasando por Juliette Greco. Pero lo que de verdad deseaba era convertirse él en la estrella. En 1967 conoció a la exuberante Brigitte Bardot, cuyo matrimonio con Gunter Sachs se hallaba en crisis. Ella le pidió que le escribiera una canción de amor y él correspondió a sus deseos con Je t’aime… Los medios de comunicación, conscientes del morbo que rodeaba al romance entre el crápula Gainsbourg y la sensual Bardot, husmearon a fondo hasta descubrir la canción antes de que pudiera ver la luz. El señor Sachs puso el grito en el cielo y Bardot suplicó que aquella celebración erótica, plagada de suspiros, no se publicara nunca. Gainsbourg accedió. El idilio terminó poco después.


Gainsbourg y Birkin vestidos por Nino Cerruti


Jane Birkin llegó a París en pleno Mayo del 68 para rodar una película llamada Slogan. Nacida en Inglaterra hija de una actriz y un espía, a sus 20 años ya tenía en su haber películas con Richard Lester y junto a Warren Beatty. La popularidad le había llegado al intervenir en Blow- Up y convertirse, bajo las órdenes de Antonioni, en la primera intérprete con desnudo frontal en una película comercial. Su pareja coprotagonista en Slogan era Gainsbourg, con el que le costó conectar. Él había pedido a Marisa Berenson para el papel, y aquella jovencita contratada en su lugar ni siquiera sabía francés. El rodaje fue tumultuoso a causa de las revueltas callejeras que recorrían la ciudad. Cuando el Porsche del director ardió en la calle, se decidió que lo más seguro era devolver a Birkin a Londres. Ella se marchó sabiendo que volvería solo por seguir viendo a Gainsbourg.




Tras la ruptura con la Bardot, Gainsbourg había estado ligando con toda mujer que se le puso por delante. Para sacarse la espina, quería volver a grabar Je t’aime… Se lo propuso a Mireille Darc y a Marianne Faithfull, pero ambas se negaron. “Era increíblemente atractivo –contaría Faithfull en 2001-. Un feo muy bello. Extremadamente arrogante y muy sexual. Era esa clase de hombre que una sabía que, si se acostaba con él, iba a salir de la habitación bien complacida.  No sé bien por qué rechacé cantar la canción.  Digamos que, para mi vergüenza, fue porque mi romance con Mick Jagger estaba empezando y aquello no le habría gustado”. Cuando Birkin regresó a París, se lo propuso a ella. Al principio se negó porque la versión original le parecía inmejorable. Gainsbourg la llevó a cenar a Régine’s, al club Rasputín, la paseó por el París más golfo. Vieron amanecer en un mercado, repartiendo champán a los carniceros que abrían los puestos. Finalmente, Birkin accedió. Él tenía 40 años y ella 22.


Serge y Jane vestidos de Paco Rabanne

Grabaron la canción en un estudio londinense. “Le gustaba trabajar con mujeres, especialmente con actrices –declaró Birkin después-, porque así podía dirigirlas. Hacerlas cantar muy cerca del micrófono, que susurraran. Le parecía más atractivo hacer que una bella actriz cantara que hacerlo con cantantes con voces bonitas”. Y eso fue lo que Serge hizo con Jane, dirigirla. Cuando la canción se publicó meses después se especuló con todo tipo de historias, como que los jadeos se habían registrado con grabadoras colocadas bajo la cama de la pareja. Nada de eso era cierto. Cada uno de ellos grabó su parte vocal en una cabina separada de la otra. Birkin siempre recuerda cómo Gainsbourg la dirigía para que no sobreactuara con los suspiros y, sobre todo, para que no olvidara que, tras uno de ellos, tenía que empezar a cantar en un tono muy alto.


Je t’aime… se publicó en febrero de 1969 y provocó una reacción en cadena. España, Brasil, Suiza, Portugal y otros países la prohibieron. El Vaticano excomulgó al ejecutivo de la discográfica que sacó el single en Italia. En Inglaterra fue prohibida por la BBC, que solo radiaba la versión instrumental. Así y todo, llegó al primer puesto de las listas de venta británicas, convirtiéndose en la primera canción en otro idioma que conseguía tal proeza en Inglaterra. El escándalo se convirtió en la mejor promoción del single, que actualmente lleva vendidas seis millones de copias en todo el mundo. Más complicado sería contabilizar los bebés que fueron concebidos por culpa de la canción durante aquel 1969. Gainsbourg y Birkin, posando irreverentes, vestidos de Cerruti o de Rabanne, ella siempre provocativa, él con aspecto de sátiro, rivalizaron con la pareja Lennon-Yoko a la hora de crear polémica. El cambio social, cultural y político que había surcado los 60 llegaba a su fin y aquel  gran orgasmo orquestal, “la canción más pura” que su autor aseguraba haber escrito, escandalizaba y excitaba a Occidente a partes iguales. Gainsbourg había logrado su objetivo: ya era una estrella. Más que eso, había colaborado con la única revolución que parecía importarle, la sexual, pulverizando un tabú más en la música pop. A partir de entonces, la pareja siguió su historia de amor y arte, convirtiéndose en el equivalente del tándem Taylor-Burton. Cuando se separaron definitivamente en 1981, la imagen de ambos ya era un icono imborrable de la era pop. En cuanto a que Je t’aime, moi non plus, ninguna otra canción en la historia ha superado su marca sexual ni ha sido más explícita y a la vez más bella.

lunes, 24 de febrero de 2014

"Morning Phase", otra obra maestra de Beck







Normalmente son los discos enmarcados en la noche los que suelen cautivarnos más. La noche y sus secretos, sus horas, la noche como metáfora de un periodo negro. En su último disco, Beck acepta la mañana como lo que es, un nuevo comienzo, un instante de posible tranquilidad, de búsqueda interior y exterior, de ruptura con la noche y lo que esta simboliza. Morning Phase es un  disco espiritual, casi religioso en el sentido de volcar anhelos, exorcizar emociones e incertidumbres. Sus reminiscencias proceden de Sea Change (2002), ya que ambos tienen en común ser discos melancólicos, además de haber sido registrados con prácticamente los mismos músicos.  También coinciden en que están hechos de canciones escritas durante un periodo determinado de años (“Wave”, por ejemplo, se escribió para Charlotte Gainsbourg, con la que Beck trabajó en IRM en 2009, aunque el germen de este álbum no aparece hasta 2012 tras la grabación de un single con Jack White), pero las composiciones están impregnadas de un sentimiento que las cohesiona y las convierte en álbumes perfectos.






Se dice que Sea Change fue la reacción al fin de una relación sentimental. Nadie acierta de momento a discernir de dónde procede el tono letárgico de Morning Phase, y el autor tampoco parece dispuesto a revelar mucho al respecto. Ese misterio le sienta bien a un  disco que suena meditabundo y no nos hace falta saber el motivo, porque si conectas con él, todo lo demás da igual. Es uno de esos discos en los que no cuesta entrar (siempre que llegues a él libre de prejuicios) porque lo que ofrece es acogedor, tanto en el plano musical como en cualquier otro. Los estilos se superponen de nuevo para formar una sola cosa, una sucesión de canciones que absorbe la parte más calmosa del rock californiano y la más bucólica del folk británico, cosmic country y folk, pinceladas de música repetitiva y sintetizadores de rock sinfónico.




Veinte años después de que se diera a conocer con “Loser”, la carrera de Beck no  solo ha demostrado ser de lo mejor que le ha ocurrido a la música pop durante ese tiempo, también ha ratificado que, en su caso, lo mejor siempre está por llegar. Nunca resultó fácil encerrarlo en una sola categoría, y desde el principio sus discos eran un catálogo de estilos que a mediados de los 90 deslumbraba por su versatilidad. Ahora que la versatilidad es prácticamente un estilo más, él sigue ampliando sus propios horizontes y los de la música popular editando un álbum a partir de sus partituras (una maniobra que, como él mismo explica, propone la forma más íntima de colaboración al permitir que cada oyente interprete a su modo la música escrita) o interpretando el “Sound And Vision” de Bowie con una orquesta. Podría parecer que Beck ha hecho todo lo que un músico puede hacer y entonces llega Morning Phase y eleva un poco más su propio listón con este álbum repleto de matices, y sin embargo es fácil querer escucharlo una y otra vez. Desde sus diferentes registros musicales, canciones como “Heart Is A Drum” o el extraordinario cierre que es “Waking Light” ejercen esa función redentora de la que hablaba al principio, como también lo ejercen las nueve canciones restantes que componen esta obra maestra.




jueves, 20 de febrero de 2014

Hablando con Devo



En mayo de 2000 entrevisté por teléfono a Jerry Casale, uno de los fundadores de Devo. Fue con motivo de la edición de una antología editada por Rhino. La entrevista se publicó en El País de las Tentaciones. Con motivo de la muerte de Bob Casale he decidido recuperarla, haciéndole unos pequeños retoques de estilo pero sin alterar el sentido del texto original. Devo fueron una banda muy importante a la que no se le concedió la importancia merecida en su momento. Creo que Casale sintetiza bastante bien lo que pasó con el grupo en sus respuestas. También sorprende lo vigente de algunas opiniones, sobre todo cuando habla de las estrellas pop del momento.




Desde el principio fueron distintos a todo. En los días de la furia punk, ellos se movían como robots, embutidos en monos industriales. Su uso de los sintetizadores les convirtió en banda prototecno. Devo protagonizaron la primera mutación notable del rock. A la pregunta de “¿No somos hombres?”, ellos respondían ufanos: “Somos Devo”, concepto que partía la teoría de la de-evolución. Una idea que Jerry Casale y Mark Mothersbaugh  pusieron en marcha en Akron, ciudad de Ohio conocida en los 70 por sus fábricas de neumáticos. “Al principio Devo fue un concepto que Mark y yo desarrollamos en 1972, estudiando artes visuales en la universidad. Se convirtió en grupo musical posteriormente”, explicaba Jerry Casale por teléfono desde Los Ángeles. “La de-evolución consiste en destrozar la cultura y el medio ambiente. Es la falta de entendimiento, la estupidez de las masas, destruir el aire y el agua. La sobrepoblación. La manipulación corporativa. Devo nació para criticar y reírse de todo eso”.

Bowie visita a Devo en el camerino tras un concierto, Nueva York, 1977. Foto: Bob Gruen.

Los cinco devos aparecieron con sus uniformes amarillos, gafas para ver películas en 3D, caretas y pelucas de plástico. “En Akron la gente nos lanzaba latas y botellas, especialmente los seudo hippies, melenudos que se pasaban el día bebiendo cerveza y escuchando a Foghat”. La ironía del grupo resultaba demasiado ácida para el público americano, pero el británico los aceptó con mucha más alegría. En los días de la new wave, los primeros brotes de pop cibernético de Devo cuadraban en el mosaico de excentricidades musicales de 1977. “David Bowie vino a vernos a un concierto y luego se pasó por el camerino a saludar. Estaba muy interesado en producirnos, pero tenía la agenda llena. Estaba grabando “Heroes” y a punto de rodar Just a gigolo. Fue él quien nos presentó a Eno [que terminaría produciendo su primer disco, Q: Are we not men? A: We are Devo, en 1978]. Gracias a él descubrimos la belleza. Es un tipo con una sensibilidad muy interesante. Si no fuera por Eno no sabría mirar las flores del modo en que las miro ahora”, comenta con cierta ironía.

Eno con Devo en el estudio

La industria no trató bien a Devo y así fue durante casi toda la trayectoria del grupo. Pero al menos Casale habla. Mothersbaugh no quiere saber nada de entrevistas, ni de discos, ni de reuniones. El primero dirige clips y anuncios. El segundo tiene su propia compañía, Mutato Muzika, especializada en soundtracks. Pioneers Who Got Scalped, la antología  que acaba de editar el sello Rhino, se hizo de hecho únicamente con la colaboración de Casale. “Cualquiera que no nos conozca y escuche esa antología descubrirá a cinco insumisos que elaboraron un plan para decir lo que pensaban. Y que compusieron y grabaron muy buenas canciones pop. Es cierto que hubo un momento en el que Devo gozó de cierta atención, pero fue injusto que no se nos hiciera más caso. La radio nos obvió. Los locutores nos detestaban y la gente del negocio musical también”. El verdadero impacto del grupo no fue en el aspecto comercial. Su música espasmódica, las voces histéricas, su osada versión de “Satisfaction” y su inconfundible imagen les convirtieron en una banda de culto que aparecía en las listas de singles de vez en cuando. “Dijeron que éramos unos Kiss para la gente que piensa. Kiss iban de banda de drogas y sexo. Sabían vender muy bien su imagen, que era muy buena. La nuestra también, pero teníamos un problema: detrás de nuestra imagen había un discurso. Hablábamos en contra de la extrema derecha y los fundamentalismos religiosos. En 1980 ya alertábamos del recalentamiento del planeta. Tampoco teníamos la pinta que el público esperaba de un grupo de rock. Porque tampoco nos tomábamos en serio a nosotros mismos. Tanta ironía no nos ayudaba con nuestros detractores”.



Incomprendidos o no, Devo no pasaron totalmente desapercibidos. Incluso en España calaron. En sus comienzos el Aviador Dro estaban muy influenciados por ellos y  Radio Futura tocaban “Gates of steel” en directo en 1981. En Estados Unidos el reconocimiento llegó inesperadamente, con la aparición de algo tan aparentemente alejado de ellos como fue el grunge. Nirvana, Soundgarden y Superchunk grabaron versiones de Devo. Clawhammer registraron enterito el primer álbum del quinteto. Courtney Love les pidió una nueva versión de “Girl U Want”  para el soundtrack de Tank Girl. “Me consta que gente como Trent Reznor o Chemical Brothers hablan de la influencia que ejerce nuestra música en su trabajo”. ¿Es por eso que ellos hicieron una versión de Nine Inch Nails? “Es que The Downward Spiral me parece uno de los documentos sonoros esenciales para entender el fin de siglo”, dice sin dejar claro hasta qué punto está siendo mordaz. “Bueno,  es que escuchar a Trent Reznor quejándose por ser tan desgraciado es algo que me da mucha risa. Es como un niño llorón y decidimos darle el tratamiento devo a su canción”. Puede que la industria les diera la espalda pero también es cierto que ellos nunca lograron superar la perfección de Freedom Of Choice (1980), su título cumbre. En 1991 apareció su último disco de estudio, Smooth Noodle Maps. Desde entonces, el grupo existe a su manera. Se reactivaron hace algún tiempo para una gira, pero de momento no hay planes para sacar disco. “Devo está en la reserva militar –bromea de nuevo Casale-. Sólo existimos para grabar temas para bandas sonoras de películas, videojuegos o programas de televisión. Como verás, ahora mismo Devo es el mejor ejemplo de la de-evolución. De todos modos, no nos veo compitiendo con Limp Bizkit o Britney Spears. Las estrellas del pop de ahora serían excelentes estrellas del porno. Eso seguro que lo harían bien. ¿Te imaginas? Mariah Carey, Enrique Iglesias, Celine Dion, todos en la película porno más popular de todos los tiempos”.

           


martes, 18 de febrero de 2014

1974: Año Eno





Brian Eno nunca acabó de encajar del todo en Roxy Music. Sus teorías sobre el sonido y sus experimentos no eran del agrado de Bryan Ferry, así que Eno no duró más de dos años en el grupo. Aunque él mismo declaró posteriormente que su función distorsionadora no era lo más apropiado para el tipo de canciones que componía Ferry, es innegable que aportó un toque innovador a los dos primeros álbumes del grupo.  Eno es uno de los primeros músicos británicos en aplicar la electrónica al rock y también en plantear el uso del estudio como si fuera un instrumento más. Tras abandonar Roxy Music en la primavera de 1973, emprendió un trayecto creativo que alcanzó de inmediato uno de sus puntos álgidos. Fue el comienzo de una carrera en solitario que tuvo un efecto decisivo para parte del rock & roll que habría de llegaría en un futuro inmediato.




En enero de 1974 apareció Here Come The Warm Jets, su primer disco en solitario. Previamente había registrado No Pussyfooting con Robert Fripp, cuya guitarra, filtrada por la alquimia sonora de Eno, marcó el primer acercamiento a lo que él mismo definió unos años más tarde como ambient music. A su vez, Fripp fue una de las piezas fundamentales de Here Come The Warm Jets, álbum que cosas buscaba alterar una realidad que Eno describió al declarar: No hay suficiente caos en la música. Para obtenerlo, se inspiró en los primeros Velvet Underground (las similitudes entre I’m Waiting For My Man” y “Needle In The Camel’s Eye” no son fortuitas) y en Sterling Morrison, especialmente a la hora de tocar la snake guitar mencionada en los créditos originales del disco, cuyo sonido se inspiraba en él. Su búsqueda del caos proporcionó uno de los solos de guitarra más feroces del rock, el que suena en “Baby’sOn Fire” a manos de Fripp.




En Here Come The Warm Jets,  Eno jugó con las posibilidades del estudio, grabando, por ejemplo,  los mismos instrumentos de maneras diferentes en distintas pistas, creando un estilo único. Es por eso que el álbum no está asociado a ninguna de las corrientes musicales en boga en ese momento, incluido el glam, a pesar de que Eno seguía cultivando el look exuberante que le hizo reconocible a kilómetros de distancia en Roxy Music.  Sus avances sonoros fueron cruciales para artistas de generaciones posteriores como My Bloody Valentine, que sin las turbulencias de este Eno nunca habrían hecho Loveless (1991) como lo hicieron; o LCD Soundsystem, que tiene en James Murphy a uno de los más fervientes enófilos. Los chorros calientes a los que hace referencia el título son los creados por las guitarras en el disco y también los que evacua la señorita en cuclillas que aparece en el naipe erótico de la portada. Ariola,  la discográfica española que lo editó aquí, eliminó la imagen colocando encima una etiqueta adhesiva con los nombres de los músicos.




A continuación, Eno grabó el single, Seven Deadly Finns, que promocionó acompañado por The Winkies, un grupo que le acompañó en directo durante algunos meses y que no estaba en absoluto a la altura de sus propuestas artísticas. Con ellos grabó un par de programas para la BBC a comienzos de 1974, y hasta colaboró en su primer álbum, que quedaría inédito. Ese año también colaboró activamente con John Cale y Nico, tocando en Fear y The End, respectivamente, y actuando con ellos y Kevin Ayers en un par de conciertos londinenses que alguien, descabelladamente, quiso promocionar como el regreso de Velvet Underground. Eno, Cale y Nico tocaron juntos en Berlín a finales de año. El concierto terminó abruptamente cuando la cantante interpretó la versión nacional socialista del himno alemán y el público se rebotó.





Antes de que 1974 finalizara, Eno ya había publicado otro álbum, Taking tiger Mountain (by Strategy). El título y la portada provienen del título de una ópera revolucionaria china, que usó también para variar el enfoque de las letras de las canciones rock, eliminando el uso de de la primera y segunda persona del singular a favor del plural. La conexión con China, que surge al descubrir una serie de postales de la citada ópera en el chinatown de San Francisco, le conduce al que será uno de sus conceptos más productivos: la estrategia. Tan solo un años después, e inspirado en parte en el I-Ching, creará las Oblique Strategies, el juego de cartas que, escogidas al azar, sugieren acciones no artísticas para que el artista en proceso de bloqueo lleve a cabo. Un método que usó tanto en sus discos como en sus colaboraciones con David Bowie, Talking Heads y otros artistas.



viernes, 14 de febrero de 2014

John Cale y mi día en www.eldia-de.com



Hace unos días, mi amigo Felipe R. Piedra me invitó a participar en una iniciativa online que ha estrenado. La idea consiste en que cada tanto un personaje relacionado con la música seleccione unas canciones que se convierten en playlists reproducidas desde diversas plataformas. Se publican en la web eldia-de acompañadas de enlaces diversos relacionados con el personaje en cuestión, que también aporta un texto explicando un poco su selección. La idea me gustó mucho y me encantó participar.




Una de las cosas que me hubiese gustado enlazar en el texto es el programa completo de John Cale que ofreció en La Edad de Oro en marzo de 1985. En ese programa participé yo como invitado para hablar sobre su obra. El susodicho iba completamente pasado de vueltas y tenerle al lado daba bastante miedo, pero fue una gran experiencia y nunca le estaré lo suficientemente agradecido a Paloma Chamorro y a su equipo que contaran conmigo para aquella ocasión. Además, el concierto fue impresionante.



Servidor, primero por la izquierda junto a Ignacio Julià


Había buscado el programa completo en YouTube varias veces y nunca lo encontré. La versión subida por un fan tiene cortada mi intervención. Felipe la colgó en Facebook para promocionar mi intervención en eldia-de.com. Fue entonces cuando se me ocurrió buscar en la fuente original. Parte del programa, con la entrevista y mi aparición incluidas, pueden verse en la web de TVE, en el resumen número 8 del programa. En mi comparecencia lucía un pelazo de toma pan y moja, inspirado en los cardados que se hacía Foetus por aquellos días. Los que no puedan dominar su curiosidad pueden comprobarlo a partir del minuto 16:50 del vídeo,  aunque el plato fuerte, además de la actuación, es ver a Paloma Chamorro peleando por intentar sacar algo en claro de un entrevistado que no tiene ningunas ganas de que le entrevisten. He pensado que sería interesante recuperarlo (puedes ver el concierto completo pinchando aquí) y de paso, recordaros que visitéis la web de eldia-de, está llena de gratas sorpresas y también es una buena oportunidad para descubrir a gente nueva.


martes, 11 de febrero de 2014

Debbie Harry y el remake de Alphaville


Foto promocional de "Alphaville" por Chris Stein

En 1978 se anunció que Debbie Harry iba a protagonizar un remake de Alphaville, el clásico de la nouvelle vague dirigido por Jean-Luc Godard. La noticia llegó acompañada por una foto en la que Harry aparecía caracterizada como Natasha von Braun, luciendo melena castaña y vestida de negro, . Tras ella, y sobre el mismo fondo blanco, posaba RobertFripp, que sería el detective Lemmy Caution. La imagen llegó incluso a la portada del semanario Melody Maker y creó una inevitable expectación. También fue la primera y última noticia que hubo sobre dicho proyecto.


El remake de Alphaville jamás llegó a rodarse. De hecho, y según el propio Chris Stein, ni siquiera se compraron los derechos para poner en marcha el proyecto, que iba a estar dirigido por Amos Poe. Coautor junto a Ivan Kral del documental Blank Generation, Poe era uno de los más prometedores cineastas underground de Nueva York, con el cual Harry ya había trabajado en Unmade Beds y The Foreigner, dos de sus cortos. Llegó a existir un guión, pero este nunca se desarrolló más allá de la citada sesión de fotos que hoy es el único vestigio público de aquel proyecto.

Foto promocional de "Alphaville" por Chris Stein

La noticia apareció cuando Blondie aún no había comenzado a experimentar el éxito que les depararía Parallel Lines y, sobre todo Heart Of Glass. Debbie Harry, estrella en ciernes gracias también a su fotogenia, parecía destinada a hacer cine. Pero al principio, el cine se le resistió. Por aquellos días hizo una prueba para conseguir el papel femenino en Toro Salvaje. El estrés de la promoción y el cansancio de las giras no ayudaron a que pudiera lucirse y Scorsese terminó contratando a Cathy Moriarty. Según contaba Lester Bangs en su biografía sobre el grupo (Blondie, Omnibus Press, 1980), ese año también se especuló con que la cantante estaría en una película de Cheech & Chong, y que Carlo Ponti y Mick Jagger le habían hecho llegar guiones.





En 1979, Blondie aparecieron en Roadie, de Alan Rudolph, pero su papel consistió únicamente en hacer de sí mismos mientras interpretaban Ring Of Fire. No fue hasta 1981 que Harry debutó en la gran pantalla en un film independiente, Union City Blue, dirigido por Mark Reichert, en el que interpretaba a un ama de casa suburbana casada con un psicópata. Ese mismo año cantó junto a Tab Hunter el tema central de Polyester, dirigida por John Waters. Tres años después debutaría finalmente en una película de alto presupuesto a las órdenes de David Cronenberg en Videodrome.


viernes, 7 de febrero de 2014

Podcast: Fripp en Nueva York



Cuando Robert Fripp disolvió King Crimson en 1974, se afeitó la barba y dejó Inglaterra, jurándose así mismo que abandonaba la música. Lo que no dejó de hacer fue tocar la guitarra y seguir desarrollando el sello sonoro que le había convertido en uno de los músicos más innovadores de los 70. Así que cuando aceptó la llamada de su amigo Eno proponiéndole que volara a Berlín para trabajar en el nuevo disco de David Bowie, se abría una nueva etapa en su carrera.




Su guitarra está presente en las canciones de “Heroes”, y sobre todo, en su tema insignia. A partir de ahí, Fripp comienza a operar en un contexto completamente nuevo. El citado contexto no fue otro que la ciudad de Nueva York y su escena punk. En aquel momento de ruptura, que un virtuoso de la guitarra con planteamientos tan cerebrales conectara tan bien con la simpleza de la new wave, era algo imprevisto. No obstante, el paso de Fripp por la ciudad dejó huella en su escena underground. Allí registró lo que él describe como su trilogía MOR: las producciones de SacredSongs de Daryl Hall y de Peter Gabriel 2, además de Exposure, su primer álbum en solitario. Tras acudir a un concierto de Blondie y saludar al grupo al camerino, surge un flechazo artístico entre Debbie Harry, Chris Stein y el guitarra.




El rechazo de Fripp hacia la industria volvió a quedar justificado cuando Tommy Mottola, mánager de Hall, vetó Sacred Songs por considerar que podía dañar la carrera comercial de su cliente. Hall también había puesto voz a varios de los temas de Exposure, así que Mottola sugirió que el álbum debía ir firmado por ambos. Para evitar esto, Fripp hubo de rehacer el disco y grabar nuevas partes vocales con nuevos intérpretes. Otro de los inconvenientes que encontró fue la negativa de Chrysalis, sello de Blondie, para poder usar una versión de I Feel Love cantada por Debbie Harry. Esta fue una de las canciones que Fripp tocó en el CBGB con Blondie cuando estos participaron en el festival benéfico por Johnny Blitz, de Dead Boys, convaleciente tras un navajo recibido en una pelea. Meses después repitieron la experiencia invitándole a que tocara en el bis al finalizar un concierto en el Palladium.




La guitarra de Fripp suena también en Fade Away And Radiate, una atmosférica balada compuesta por Stein en 1974 e incluida en Parallel Lines, y a la vez, una de las canciones más experimentales del grupo, por lo que resultaba perfecta para que la guitarra de Fripp transitara por ella. Su guitarra también puede escucharse en una versión de Hound Dog grabada por Walter Steding, pintor y asistente artístico de Andy Warhol al que Stein produjo. Meses después Eno le haría entrar en contacto con Talking Heads, con los que colaboró en Fear Of Music (su guitarra puede escucharse en algunas tomas alternativas del disco, publicadas en la versión remasterizada del mismo). Esto propició a su vez que David Byrne cantara en el tema Under Heavy Manners, incluido en el álbum God Save The Queen (1979), un experimento que unía los ritmos del baile con los sonidos repetitivos de su guitarra. A continuación, Fripp creó The League Of Gentlemen, un grupo que marcaba su propia aproximación y aportación a los parámetros de la new wave. En enero de 1980 cerraba de manera simbólica la que podría denominarse su etapa new wave tocando con Blondie tres canciones en directo en un concierto inglés. Esa noche volvieron a interpretar I Feel Love (fundida con Louis Louie) y, como colofón, una versión de “Heroes” que fue cara B del maxi single Atomic.

martes, 4 de febrero de 2014

Hablando con Francisco Nixon


    Foto: Mari Wilson


Aprendiz de Kung-Fú (Ediciones Chelsea), es el libro recientemente publicado por Francisco Nixon  en una colección dedicada a recopilar textos escritos por músicos. Al poco de empezar a leerlo me dieron ganas de coger el teléfono y empezar a preguntarle cosas. En lugar de eso, le escribí un mail y le propuse elaborar una conversación virtual, a partir de un sucesivo intercambio de correos electrónicos. A Fran le gustó la idea.

Durante los últimos días hemos ido construyendo una entrevista como si fuera una charla que en realidad nunca tuvo lugar ni en persona ni por teléfono. Al principio dudé si debería fragmentar su publicación, pero tras consultar a Fran, decidimos que lo mejor era publicarla entera. Soy partidario de la síntesis cuando se trata de escribir para internet, pero a partir de ahora también soy partidario de aprovechar esa libertad de espacio y dejar que las cosas se prolonguen lo necesario cuando el tema lo requiera. El resultado es lo que sigue a continuación. Cualquier persona que quiera saber más sobre Fran y su carrera tanto en solitario como con Australian Blonde o La Costa Brava, debería leer Aprendiz de Kung-Fú. Espero verle en Madrid durante mi próximo viaje y poder hablar con él en persona de cómo hicimos que hablábamos en persona.


Fran, me gusta mucho Aprendiz de Kung-Fú. Lo que más me llama la atención es que con muy poco dices mucho. Cualquier que quiera saber quién es Francisco Nixon, lo que ha hecho, hace y piensa, lo tiene ahí, contado en menos de 100 páginas.
Es verdad que el libro reúne un montón de reflexiones y escritos que he ido generando a lo largo de los últimos años, y en ese sentido supongo que es lo más expuesto que he hecho hasta ahora.
Ese es el espíritu de la colección, hacer un recopilatorio de textos que tuviéramos por ahí que supusieran un repaso a toda nuestra trayectoria. En mi caso (y en el de todos, supongo) lo complicado ha sido encontrar material antiguo, por lo que el retrato es más bien del presente.
Por otra parte, digo muchas cosas que no pienso realmente. Me gusta jugar con las paradojas; atrapar una idea sugerente y ver hasta dónde me lleva. Mi única intención es entretener, tampoco me siento capacitado para otra cosa.

Tienes un blog [ francisco.nixon.com ] en el que plasmas tus reflexiones, que ahora están también en el libro. ¿Cuándo uno escribe cosas así para el ciberespacio es como si lanzara una carta al mar metida en una botella?
Empecé con el blog allá por 2006 (en otra plataforma diferente a la que tengo ahora) porque desde el primer momento me di cuenta que era una buena herramienta de promoción. En principio pensé solamente en hablar de cosas relacionadas con la música, pero poco a poco se fue haciendo más personal e iba añadiendo cosas que me gustaban, que había leído o había escuchado. De ahí nace un poco la sección Conversaciones Reales. También hice alguna entrevista, algún concurso, y, no sé, lo que se me ocurría. Hubo un momento en el que las redes sociales todavía no eran tan populares como ahora, y el blog llegó a tener bastante actividad y consumirme mucho tiempo. Ahora tengo un trabajo a tiempo completo que no me permite ocuparme de él, pero en su día supuso una pequeña escuela de escritura.
Sin el blog creo que el libro no hubiera sido posible, ya que gracias a él luego me surgió la oportunidad de colaborar con la revista Rolling Stone, donde tomó forma la sección Nixon y Cócteles, con la que seguí cuando estuve escribiendo para El Butano Popular. Esos artículos forman casi la mitad del libro.




Las conversaciones reales me fascinan. Yo también colecciono algunas, pero reconozco que si no las apunto de inmediato se me olvidan o las acabo deformando. Así que envidio esa capacidad para recoger y recordar fragmentos de las vidas ajenas. ¿Cómo te las arreglas para atraparlas? ¿Ha llegado a impactarte de algún modo especial alguna de esas charlas o las personas involucradas en ellas?
Yo soy el típico que pone la oreja en las conversaciones de los demás, en parte por cotilleo y en parte porque a la hora de escribir las letras de mis canciones me esfuerzo por hacerlo de la forma más sencilla, utilizando un lenguaje lo más coloquial posible. Creo que, así como escribir bien es muy difícil, la mayoría de la gente es capaz de ser brillante en la conversación, ser buen imitador, tener un golpe... En la interacción social todos nos entrenamos para ello, para parecer interesantes. Nada más denostado que un pelmazo
Empecé a anotar las conversaciones que pillaba por ahí, muchas vividas en primera persona y otras que me contaban. Ahora “cazo” menos porque ya no salgo tanto, pero creo que cualquiera que se pusiera a ello en serio podría escribir un buen libro con esa técnica. Te animo a que lo hagas si puedes. De hecho Bioy Casares tiene un libro divertidísimo llamado De jardines ajenos, que recomiendo. También recuerdo otro chico que tenía un blog donde apuntaba las conversaciones que escuchaba en el autobús y que estaba muy bien.

En tus escritos usas un estilo muy claro, directo. No suele ser lo habitual en estos casos. Yo noto que algunos compañeros de profesión lo llenan todo de adjetivos y frases dramáticas. Creo que es estupendo descubrir que un músico que te gusta también puede ser un escritor que te gusta o un cineasta que te gusta, y viceversa y etc., etc., etc.
Escribir bien me parece una de las cosas más difíciles. Así como antes te comentaba que cualquiera puede ser un gran conversador o escribir un tuit ingenioso, cuando escribes te expones totalmente, y para un lector entrenado es muy fácil detectar errores de expresión o de concepto. Por eso cuando escribo intento ordenar mis ideas y luego expresarlas de la manera más sencilla y directa posible. No sabría hacerlo de otra forma. También cuando escribo una letra intento usar un lenguaje lo más sencillo posible y evitar las metáforas, los adjetivos y las frases hechas.
Dicen que Dalí escribía muy bien. Hace poco he leído Los Modlin, un libro del fotógrafo Paco Gómez que está increíblemente bien escrito. No sé, me he puesto a pensar en artistas que son buenos escritores... No es que me esté comparando yo con ellos, vaya, no considero que yo escriba bien, y no es falsa modestia. Lo que sí creo que soy buen lector. Nada me gusta más, ni siquiera la música.


                             Foto: Mari Wilson



Te interesa mucho la filosofía. En tus textos mencionas a Platón, Bernard-Henry Lévy, Gustavo Bueno…
Con dieciséis o dieciocho años leí Tlön, Uqbar, Urbis Tertius de Borges y me voló la cabeza. Hasta entonces yo era sobre todo un lector de tebeos y ciencia ficción. Mi escritor favorito era Philip K. Dick, el cual hacía una ciencia ficción psicológica más que de naves espaciales y rayos láser. El cuento de Borges era algo en la línea de Philip K. Dick, pero con mucha más enjundia. Así como Philip K. Dick era capaz de describirnos un mundo paralelo donde los nazis habían ganado la Segunda Guerra Mundial, Borges nos describía un mundo donde el idealismo alemán era verdadero. O dicho de otro modo, partía del “Qué pasaría si el mundo fuera tal y como lo describen Hegel, Fichte o Schopenhauer.” Se puede decir que inventó un nuevo género, el cuento filosófico. Ahora Borges ya no me gusta tanto, pero es uno de esos escritores que te hacen querer leer más cosas. A partir de ahí me empecé a interesar por la filosofía, y hasta hoy.
Pero sigues citando a Borges. Y Philip K. Dick es otro nombre recurrente cuando escribes.
Como dije, son dos de mis escritores favoritos. Si sumamos a Chesterton, creo que son los tres escritores que más he leído. Philip K. Dick era un escritor de género que pasaba días sin dormir bajo los efectos de las anfetaminas para poder ir tirando, vendiendo relatos a revistas de ciencia ficción y escribiendo novelas con no demasiado éxito. Era amigo de Ursula K. Le Guin (la otra K importante de la sci-fi). Creo que fue Stanislav Lem quien lo descubrió, cuando dijo que de toda la literatura de ciencia ficción estadounidense el único que le interesaba era él. Luego le invitó a un congreso de escritores en la URSS y Dick se fue con la carta al FBI diciendo que los rusos le querían secuestrar. Sufría un trastorno esquizofrénico y poco a poco se fue convirtiendo en un personaje de sus novelas. El final de su vida lo pasó convencido de que era la reencarnación de San Pablo y escribiendo un nuevo evangelio, del que dejó escritas montañas y montañas de páginas que están sin editar.
Borges fue un niño bien argentino que consagró su vida a la literatura. Vivió con su madre casi toda su vida y murió virgen, a pesar de haberse casado dos veces. No escribía para el público, sino para la crítica, por lo que le considero un escritor de vanguardia (en sentido estricto, el de las vanguardias europeas de principios de siglo). De hecho fue la crítica francesa el que le hizo famoso en todo el mundo. Podríamos establecer muchos paralelismos con grupos actuales.

¿De verdad que Borges murió virgen?
Tendría que buscarlo, pero creo haber leído en la biografía de Borges que escribió Edwin Williamson (Borges. Una vida), unas declaraciones de su mucama en las que decía algo así como “El señorito Borges murió virgen, ¿sabe?” Otra fuente que no sé si está en el mismo libro, dice que su madre se reunió antes de la boda con su primera mujer para advertirle de que “Borges, de cama, nada”.  Hay otros testimonios de otras novias; por ejemplo, en el libro de María Esther Vázquez sobre él, ella cuenta que su relación siempre se mantuvo en un plano intelectual. La primera experiencia sexual de Borges, que él relata con profundo desagrado, fue la típica visita al burdel con 15 años acompañado de su padre, un mujeriego profesional. Borges heredó la enfermedad  de la vista de su padre, el cual en cierta ocasión abordó a la madre de Borges, su esposa, por la calle, sin reconocerla. Ella le respondió con un: “¿Jorge, ni a mí me vas a dejar en paz?”.
El sexo en Borges siempre es aludido de forma indirecta, salvo en el cuento Ulrica, donde se liga a una Sueca, pero él nos recuerda una escena de un cantar de gesta donde los amantes duermen esa noche “separados por una espada”. Hay otro cuento cuyo título no recuerdo que se basa precisamente en la idea de que la actividad sexual es un secreto que todo el mundo conoce pero nadie nombra. Por otra parte, luego siempre estaba rodeado de jovencitas a las que enseñaba anglosajón y esas cosas… No sé, supongo que si alguien quisiera hacer un análisis psicoanalítico de su obra, se pondría las botas.
En este sentido su figura contrasta con la de Bioy Casares, quien tuvo una vida sentimental muy variada y que se refleja en su obra. Es otro de los polos opuestos de esa amistad.

Dices en uno de los artículos que el hecho de ser artista no implica tener ningún don especial, solo el ejercicio de unas habilidades. Yo discrepo, creo que un artista, además de las habilidades, tiene una mirada, una forma de contemplar la vida y de situarse en el mundo.
Bueno, todos tenemos un punto de vista acerca del mundo, otra cosa es que, por las razones que sean, seamos capaces de expresarlo. Yo ante todo lo que quería decir es que no hay diferencia entre hacer y conocer. Saber es saber hacer. Y para aprender a hacer algo, hay que hacerlo, y hacerlo significa que en cierto modo ya sabías hacerlo. Es lo que decía Platón, no se puede aprender nada que no se sepa. Por eso se da la paradoja de que para que te guste la música tienes que haberla escuchado y disfrutado antes, y para leer hay que haber leído.
Para mí, hay dos tipos de personas: las que te impulsan a hacer cosas y las que te quitan las ganas de hacerlas. Leyendo biografías de músicos, todos tienen ese momento donde, ya sea viendo a Elvis por la tele, o yendo a un concierto de los Sex Pistols, piensan “yo quiero hacer eso. Yo quiero ser parte de eso.” Y de la manera más inconsciente inician una empresa en la que nunca se embarcarían si conocieran las dificultades por adelantado. Yo cuando leo a alguien que me está diciendo “todo es una puta mierda”, la respuesta es clara: “muy bien, pues ahí te quedas”, y me voy a buscar a otro que ofrezca algo en lo que yo pueda participar. En ese sentido creo que es importante decirle a la gente que lo que uno hace no requiere ninguna habilidad especial, es cuestión de trabajar y tener los ojos abiertos.


    Foto: Mari Wilson


Cuando hablas de Dios, Leonard Cohen y los budistas, hablas también de canciones que se acercan a la oración. ¿No crees que hay muchas canciones que en realidad son plegarias paganas? Plegarias para que la persona  amada vuelva, para que el amor no muera, para que se produzca un milagro, para ser feliz…
Muchas canciones son expresión de un deseo, y en eso consisten las oraciones, ¿no?, “Ojalá pase esto”, son whishful thinking, como se dice en inglés. A mí la oración me interesa como género literario, y de hecho en el primer disco de Francisco Nixon, Es perfecta, grabé una. Bueno, es que la música tiene origen religioso. La acústica de las cuevas de Altamira hace pensar a la mayoría de historiadores que en las ceremonias que allí se realizaban se entonaban cánticos.
Respecto al artículo que comentabas, me hizo mucha gracia la crítica que hacía Leonard Cohen a la moda de la espiritualidad oriental de los sesenta, sobre todo entre los grupos de rock: “A mí no me vendas espiritualidad, que yo soy judío y ya tengo la mía”. No sé, canciones como “Turn, Turn, Turn” de Pete Seeger o “Hallelujah” de Cohen, me gustan mucho. Creo para hacer una canción con referencias al Antiguo Testamento, y hacerlo bien, hacen falta talento y valor.

Hablas también del suicidio. El suicidio suele ser un tema tabú, pero es algo que está ahí, es una posibilidad y a la vez no deja de ser una tragedia. Quienes nos dedicamos a la música tenemos cerca el caso más triste, desolador y famoso de suicidio, el de Kurt Cobain, que a su vez abría todo un debate sobre cómo vemos a nuestros ídolos y cómo son en realidad.
En parte creo que la labor de la literatura de ficción es precisamente poder tocar los tabúes. Pasa un poco lo mismo que con el humor, es una manera de decir lo que de otra forma no podría ser dicho. En su día me impresionó mucho la frase con la que Albert Camus comienza un ensayo en el que dice que el suicidio es el único problema filosófico, o algo así. Yo no llego a tanto, pero sí es un tema en el que pienso mucho. Sabemos que hay sociedades con un índice de suicidios mayores que otros (el suicidio es uno de los temas clásicos de la sociología, más que de la psicología, incluso), pero no sabemos por qué. También es un tema con una larga tradición artística, en todos los campos. Y sabemos que hay quien asocia la locura al genio, y en esa tradición se enmarca la lista de estrellas del rock que han tenido un final más o menos prematuro.

“Un fetiche es tiempo congelado”. Me encanta esa frase.
En realidad todos los objetos son tiempo congelado, ¿no? El tiempo que han empleado todas las personas necesarias para producirlo. Yo cuando camino por la calle es lo que pienso: “todo lo que veo, excepto el cielo, ha sido elaborado a escala humana y está cargado de significado.”
El arte es una creación colectiva. Todo artista parte necesariamente de unas instituciones y una tradición.

¿En qué momento te tocó ejercer de crítico musical? ¿Cómo viviste la experiencia? ¿Entiendes mejor a los críticos después de eso o todo lo contrario?
Cuando vine a Madrid estaba sin trabajo y un amigo común que trabaja en Mondosonoro me ofreció ser colaborador. Hice algunas entrevistas y críticas de discos, y me di cuenta de lo difícil que era. Primero porque la mayoría de las veces (siempre) tú no eliges aquello de lo que quieres hablar, sino que tienes que ceñirte a la actualidad. Y segundo porque la mayoría de las veces (casi siempre), el entrevistado o el álbum no tienen mayor interés. Frente a esto puedes tomar varias posturas: o mostrarlo tal como es, o cargártelo, o intentar sacarle un poco de brillo. Todas me parecen legítimas, pero a mí me gustan los críticos capaces de transmitir entusiasmo por la música. Lo que pasa es que resulta más fácil y más divertido destruir. Cuando destruyes siempre tienes razón, porque en el fondo, es verdad que la vida es muy decepcionante.


    La Costa Brava


Otra cuestión que también me atrae y que tú abordas: ¿se puede ser un gran artista siendo una mala persona? Yo creo que sí y que es normal, y si me apuras incluso necesario para poder abrirse paso. Lo que me intriga más es por qué tenemos esa necesidad de querer al artista cuando con la obra nos bastaría.
A la hora de promocionar tu obra y competir en el mercado, estoy totalmente de acuerdo contigo en que tener demasiados escrúpulos puede ser (y de hecho es) contraproducente. Creo que fue John Lennon el que dijo que para triunfar hay que ser un hijo de puta y que los Beatles fueron los mayores hijos de puta. Pero si hablamos del momento de crear la obra, ahí tengo mis dudas. Veo muy difícil ser capaz de conectar con los demás si uno no tiene empatía. Para contar la vida de los demás tienes que ser capaz de ponerte en su lugar. No hablo del típico caso de un músico al que admiras y luego lo conoces y es un gilipollas, eso me parece normal. Hablo de ser capaz de leer a las personas, y eso implica mucha inteligencia emocional. Tampoco sé hasta qué punto una persona que no se cuestiona es capaz de hacer autocrítica y mejorar.
Lo que sí pienso es que muchas veces ser demasiado inteligente es malo, porque la inteligencia es ante todo crítica, y la crítica puede ser desmoralizadora. Creo que cierto grado de estupidez, de inconsciencia, o si prefieres, de simplicidad, juega a favor del artista.
Si lo piensas bien, al final todo se reduce a salir delante de la gente y hacer el payaso. Tomarse a uno mismo demasiado en serio puede ser contraproducente. La mayoría de los casos de miedo escénico vienen de ahí. Yo muchas veces me pongo fatal antes de salir a tocar. Luego pienso: “Qué cojones, tampoco eres el centro del mundo. Sales, haces tu rollo, y te vas”.

Leyendo lo que escribes sobre Sergio Algora me atrevo a decirte que si alguna vez se publica una biografía suya, espero que esté firmada por ti.
Una biografía no, porque yo sólo le conocí en una época, y ahora mismo no tendría tiempo, pero sí que estoy escribiendo la biografía de La Costa Brava, donde espero conservar al menos esa parte, desde mi punto de vista. Hay muchas cosas que no se pueden contar, y que me gustaría tal vez incluir más adelante en una novela. Sobre todo me gustaría poder recoger el tono que tenían las conversaciones con Sergio. Creo que ese era su gran talento, cualquiera que entraba en su bar pedía un vino y se tiraba la tarde charlando con él, hablando de música, de chicas, de libros, pasando un rato agradable. Tenía un carisma que no he vuelto a encontrar. Sería todo un logro artístico poder capturar ese aura que proyectaba.

¿Es cierto que detestaba que les llamaran “surrealistas”? Estoy seguro que en alguna ocasión yo debí usar ese adjetivo. Ahora que he leído eso espero no haberlo hecho, pero me extrañaría mucho que no fuera así.
Sí, lo detestaba, pero yo creo que lo decía por joder, porque no quería que lo asociaran con la típica figura del poeta decadente, cosa que realmente es lo que era, jajaja. Me imagino que se lo dijeron tantas veces que acabó harto.
De hecho Sergio estudió francés en el colegio para poder leer a los simbolistas franceses, Valery, Rimbaud, todos esos… Estando conmigo sus letras se volvieron un poco más costumbristas, un poco creo que por jugar a lo que yo jugaba, pero la primera vez que escuché al Niño Gusano no me gustaron nada, no entendía nada. Con el tiempo lo entendí, y me parecieron buenísimos, claro, pero en la época que estábamos juntos en RCA no me gustaban nada. Estaban en las antípodas de lo que yo hacía en ese momento.

Al margen de lo anterior, creo que los textos en los que hablas de Sergio son una manera estupenda de recordar a un artista y a un amigo con sobriedad y resultar a la vez emocionante. ¿Le echas de menos?
Sí, muchísimo. No sé si hubiéramos podido seguir con el grupo durante mucho tiempo, porque éramos dos tomando decisiones y yo empezaba a tener la necesidad de sacar adelante mi propio proyecto. No por nada, sino porque en esos momentos no tenía trabajo y La Costa Brava no daba dinero. Yo necesitaba algo que me permitiera salir a tocar solo, con pocos gastos y sin nadie a repartir. Me consta que Sergio nunca lo entendió bien del todo, pensaba que La Costa Brava podía crecer y darnos de comer a todos, pero a mí se me hacía una cosa imposible. Tanto él como yo pasamos por la experiencia del éxito, tal vez yo más que él, y mientras él pensaba que el éxito se puede repetir, yo pensaba (y sigo pensando) que es imposible, el éxito te llega una vez en la vida, y ya. Yo me lo pasaba bomba con ellos, y creo que aún hubiéramos sido capaces de sacar algún buen disco, pero a diferencia de Sergio yo pensaba que ya habíamos triunfado con Llamadas Perdidas y que eso era lo máximo que íbamos a poder conseguir. Además estar en La Costa Brava era incompatible con una vida normal, y yo empezaba a querer quedarme en casa en vez de estar por ahí haciendo el indio.
Tal vez el equivocado era yo, nunca lo sabremos. Claro que le echo de menos, ni siquiera puedo ir a Zaragoza sin que me dé el bajón.




Nunca me olvidaré de lo que me reí la primera vez que vi escrito el título de “Natasha Kampush (Hazme una perdida)”. Imagino que estar con Sergio implicaba estar riéndose muy a menudo.
Sergio era el líder de la pandilla, esa persona que cuando tienes once años, es domingo, está lloviendo, y estás aburrido rodeado de tus compañeros del equipo de fútbol dice: “¡ya sé a lo que vamos a jugar!” Transmitía un entusiasmo que hacía que todo el mundo se esforzara en brillar y ofrecer la mejor versión de sí mismo, y además lo hacía de manera que tú te sentías que eras genial, por eso todo el mundo quería estar siempre con él. Era muy mentiroso, pero mentía para que todo el mundo lo pasara bien, y por eso le perdonabas. Además era muy generoso, hizo muchos favores a mucha gente, aunque también podía ser egoísta cuando se trataba de conseguir algo que él quisiera. ¿Sabes con quién lo asocio muchas veces? Con Félix Romeo. Lo conocí en Zaragoza a través de Sergio, y lo poco que lo traté me pareció una persona de ese perfil, alguien que siempre estaba con la sonrisa en la boca y siempre intentando estimular a la gente a hacer cosas, a mí me decía: “Fran, tú tienes que escribir, con esas letras tienes que escribir...”. Cuando murió me dio muchísima pena, “otro lazo con Sergio que se rompe”, pensé.

No puedo cerrar esto sin preguntarte por las frases de los traficantes. ¿De verdad son todas reales?
Son todas reales, de dos personas diferentes: un antiguo compañero de colegio y un amigo de Richi. Y todas basadas en real events.