jueves, 4 de diciembre de 2014

Podcast: Voces de otro mundo (y 2)


Tim Buckley. Foto: Norman Seff


Recientemente, mientras buscaba un disco en mis estantes me encontré con un recopilatorio de David Toop titulado Crooning on Venus. En él recopilaba temas de vocalistas sobresalientes y a veces también sobrenaturales. A partir de dicha recopilación decidí elaborar mi propio lista de voces de otro mundo favoritas. La primera parte del programa incluye canciones de David Sylvian, Wild Beasts, Arthur Russell, Tim Buckley y Julee Cruise.

Puedes escuchar el podcast aquí


David Sylvian






martes, 11 de noviembre de 2014

El delirante homenaje colectivo a "Sgt. Pepper's" que el NME patrocinó en 1987





En 1987, cuando los discos tributo aún no eran un recurso fácil para artistas y productores ociosos, el semanario New Musical Express publicó un disco con fines benéficos. Se trataba de una versión completa del Sgt Pepper’s Lonely Heart’s Club Band grabado 20 años antes por los Beatles. Para grabarlo se habían repartido todas sus 13 canciones entre 12 grupos y solistas. La selección y los resultados eran de lo más dispares, teniendo en cuenta que junto a grupos de impacto comercial como Hue & Cry, The Christians y Wet Wet Wet, estaban Sonic Youth, Wedding Present (con Amelia Fletcher, de Heavenly como invitada), The Fall, The Triffids, Michelle Shocked, Billy Bragg y Courtney Pine, además de una intervención de Frank Sidebottom, inclasificable personaje cuya figura vuelve a ser de actualidad gracias al biopic protagonizado por Michael Fassbender.





viernes, 7 de noviembre de 2014

Podcast: Voces de otro mundo (1)


Liz Fraser


Recientemente, mientras buscaba un disco en mis estantes me encontré con un recopilatorio de David Toop titulado Crooning on Venus. En él recopilaba temas de vocalistas sobresalientes y a veces también sobrenaturales. A partir de dicha recopilación decidí elaborar mi propio lista de voces de otro mundo favoritas. La primera parte del programa incluye canciones de Scott Walker, Atoms For Peace, John Martyn, Cocteau Twins y Robert Wyatt.

Puedes escuchar el podcast aquí.


Robert Wyatt

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Top 5: Chico y Chica




Hace unos días Chico y Chica editaban en la serie Goldengreats de Austrohúngaro un single con "Fin del mundo", canción que hasta ahora solo había existido en formato digital. De este modo celebraban los 10 años de Status, uno de los mejores álbumes de la pasada década. Para celebrar la edición del single, Chico y Chica han seleccionado este Top 5 para Nada especial.





1.”Training montage”, Vince DiCola. Nos gusta mucho bailar este tipo de tecno lento porque te permite hacer movimientos grandes y elegantes. Es de la banda sonora de Rocky IV. En realidad nos vuelven locos todas las canciones de Rocky: “Gonna fly now”, “Eye of the tiger”, etc. No hemos visto ni una sola película de la saga porque no nos gustan las peleas ni las sagas.




2. La ropa de ABBA en el video “Under Attack”. Cuando éramos pequeños nos hubiera encantado salir a la calle a jugar con ropa de ABBA de los setenta. No nos parecían prendas ni tejidos para gente adulta. Ahora, sin embargo, valoramos más la indumentaria de “Under Attack”. Se les ve más serios (es normal, porque estaban separándose) y con ropa de invierno de allí: chamarronas, pellizas pantalones flojos de cuero y jerseis de señora. Estuvimos tentados de copiarles este video para nuestra canción “La joven investigadora”. Y ya teníamos localizado el almacén y los palés, pero nos faltaba la ropa.




3. El MiniDisc. Solemos reírnos mucho del MiniDisc y lo citamos en algunos de nuestros shows. ¿Por qué no cuajó? ¿Quién los retiró? ¿Qué pasó con los MiniDiscs de Sade o Talking Heads? No sabemos porque no se asentó el MiniDisc, con sus pastillas de colores, lo bonito y cómodo que era grabando y lo bien que sonaba. El caso es que es muy raro que nadie confiese que se compró uno. Todo se ha olvidado con una rapidez sospechosa.



4.Tina Charles, “I love to love”. La hemos bailado toda la vida en escuelas, en clubes y en pisos, a lo suelto y a lo medio suelto. Nos enamora que sea toda estribillo, tan inglesa, la cargazón de violines que lleva, la guitarrilla wah-wah, el delay cada vez que dice “stop-top-top”, y ese ritmo pancho, ideal para hincar el tacón en el suelo.




5.La dieta higienista. Estamos retirándonos del aceite frito y empezando a cocinar con agua. No es fácil en un país con tanta sartén, tanta morcilla, pan rallado industrial, tanta cena, sobremesa y gente con panzas hinchadas y patas de pájaro. El aceite frito ya sabemos lo que trae, no nos hagamos los tontos. No es que nos queramos poner estrictos, pero es muy agradecido entrar en la dinámica del escalfar, el hervir, los vapores, el horno y poner el chorretón de aceite crudo a posteriori. 





lunes, 3 de noviembre de 2014

Versionando a Arthur Russell




Arthur Russell se ha convertido en uno de los artistas más reverenciados de los últimos años. Esto es debido a que su arco  de influencia fue lo suficientemente amplio como para abarcar el pop, la música de vanguardia y la de baile. El redescubrimiento a partir del 2000 del punk funk y otras corrientes musicales de finales de los setenta y principios de los ochenta por parte de sellos como Output y DFA, sirvió para poner en valor su trabajo. Russell, que estuvo a punto de convertirse en el cuarto miembro de Talking Heads antes de que entrara Jerry Harrison –su cello está presente en la versión acústica de “Psychokiller” que apareció en el maxi de la canción- es ahora objeto de un álbum tributo. Se publica dentro de la serie Red Hot –Russell falleció a causa del sida- y cuenta con versiones de José González, Robyn, Sufjan Stevens, Phosphorescent, Hot Chip y otros muchos artistas, entre los cuales está también Ernie Brooks, con quien formó parte de The Necessaries. Pero además de  Master Mix: Red Hot + Arthur Russell hay otros artistas que ya se han acercado a su música anteriormente. Estas son algunas de ellas a cargo de Tracey Thorn, Jens Lekman -que editó un epé con cuatro versiones suyas-, Planningtorock, Nada Surf y Olöf Arnalds. 

También puedes escuchar aquí un podcast dedicado a su trayectoría





                                               Tracey Thorn "Get around to it"


                                                       
                                                         Jens Lekman "A little lost"


                                                                Planningtorock "Janine"


                                                             Nada Surf "Janine"


                                                  Ólöf Arnalds "Close my eyes"



jueves, 30 de octubre de 2014

Ziggy Stardust y los alienígenas del rock





Al crear el personaje de Ziggy Stardust, David Bowie abrió las puertas para que los alienígenas formaran parte de la música pop. No es que a raíz de ello se produjera una invasión del espacio exterior, pero otros músicos tomaron buena nota del invento de Bowie y usaron éste como modelo.



Ziggy Stardust. El hombre del espacio que llega a la tierra para convertirse en estrella de rock y termina sucumbiendo en su empeño. Regla de oro para cualquier criatura extraterrestre que quiera ser una estrella del rock: hay que ser ambiguo.



Zolar X. Considerado como el primer grupo de glam rock de Los Ángeles, este cuarteto se trabajó a fondo su aspecto extraterrestre, aunque la ambigüedad, sobre todo si hablamos de 1972, es intrínseca al maquillaje que puede llegar a usar un hombre, y Zolar X lo usaban a conciencia. La formación clásica del grupo editó un álbum, Timeless. Después de varios cambios de formación se separaron en 1981. Jello Biafra rescató el álbum en 2004 reeditándolo en Alternative Tentacles. A raíz de eso el grupo revivió.




Jobriath. Así como Zolar X se formaron de una manera espontánea, Jobriath surgió como una clara respuesta americana al éxito de Ziggy Stardust. Jobriath, que al contrario que Bowie, sí era homosexual, explotó a fondo esa baza. Pero fue en su segundo álbum, Creatures From the Street (1974), cuando empezó a explotar también las posibilidades de presentarse como un ser de otro planeta. No le sirvió de mucho. El público norteamericano no estaba para marcianos.





Gary Numan. Al frente de Tubeway Army, Numan comenzó a cultiva una imagen ambigua claramente inspirada en el Bowie glam. Singles de éxito como “Down In The Park” y “Are “Friends” Electric?” fomentaron su condición de alienígena ambiguo convertido en ídolo de adolescentes. Sin embargo, cuando Bowie coincidió con él en un plató de televisión en 1979, le hizo saber lo poco que le gustaba que se hubiese apropiado de sus ideas.




Klaus Nomi. En sus primeras actuaciones en clubes neoyorquinos, Nomi se presentaba como sifuese una criatura llegada de las estrellas. Su mirada hierática y sus gestos mecánicos acentuaban el dramatismo de un artista que, además, mezclaba el entonces incipiente pop electrónico con la ópera. En 1979 su imagen derivó hacia el futurismo, quedando inmortalizada en la foto de su primer álbum.

Klaus Nomi. Foto: Edo Bertoglio



Marilyn Manson. Siguiendo las enseñanzas de Bowie, Manson congeló su etapa como ogro y en 1996 se transformó en un ser de otro planeta llamado Omega que tenía un estilista que debía ser primo hermano del de Ziggy. En la portada de Mechanical Animals aparecía desnudo, un ser asexuado pero con pecho. Uno de sus momentos clave.




martes, 28 de octubre de 2014

Hablando con Lou Reed (2)





Esta entrevista se realizó en Madrid, en 2000, durante una visita promocional de Lou Reed. Acababa de publicar Ecstasy. La versión original del texto apareció en El País de las Tentaciones.

Lou Reed acaba de descubrir una foto suya que podría estar fechada en 1974. Un primer plano de su cabeza, con el pelo teñido de rubio. Pertenece a la época de los excesos. A los días en los que el asqueo por la imagen que se ofrecía de él (drogadicto, decadente, cínico), le incentivaba exagerar todavía más su personaje público, lleno de filos. 

-Mira, que hermoso diablillo -comenta sin dejar de contemplar la imagen.

Más de 25 años separan al Reed de la foto  del que hace unos instantes ejercitaba el tai-chi sobre la moqueta de un hotel de lujo. Ya no disfruta dramatizando su disgusto. Simplemente lo expresa con toda la ironía que le cabe en su delgado cuerpo. Bebe un refresco y picotea unas nueces. Fuma tabaco light y tiene un aspecto fresco y sano (el día de la entrevista cumplía los 58). Pero sigue habiendo muchos puntos de contacto con el Lou Reed rapado al uno, rubio platino. Un ejemplo: hay cosas que se la siguen trayendo al fresco; una de ellas es hablar con la prensa.
Si existiera un campeonato de tipos especializados en poner nervioso al prójimo, Lou Reed ganaría siempre. Todos los premios. Hablar con él significa enfrentarse a un humor corrosivo que es capaz de expresar sin mover un músculo de más de la cara. Eso incluye también la posibilidad de que acabe entrevistándote él a ti.

Lou Reed: ¿Qué te ha parecido la rueda de prensa?
Tentaciones: Eeeestoooo... amena.
L.R.: ¿Estuviste en el concierto de Barcelona? [Se refiere al concierto que ofreció en septiembre de 1998, durante las fiestas de la Mercé; alguien durante la rueda de prensa le ha echado en cara que en aquel concierto las primeras filas estaban ocupadas por políticos. Reed está mosqueado por eso y quiere sacarse la espinita como sea.]
Tentaciones: No, lo escuché por la radio. Se retransmitió y...
L.R.: Fue un concierto fabuloso. Muy divertido, todo el mundo lo pasó estupendamente. Fue nuestro concierto eléctrico y acústico a la vez. El sonido era impresionante. Y las versiones fueron excelentes. El sonido acústico te ofrece una energía ilimitada.




Sano y sobrio, Lou Reed sigue siendo el mismo tocanarices de siempre. Y además no tiene abuela. Si no, no sería Lou Reed.
“Todavía no he decidido cómo será el tratamiento sonoro de la gira que empezamos en abril. Quizá sea muy eléctrica, con un sonido muy pesado. Pero a lo mejor también tiene algo del sonido de Perfect night”. Se refiere al disco en directo que editó en 1998 y que se grabó con instrumentos electrificados que sonaban como si fueran acústicos. A estas alturas de la entrevista, creo insistir en que el autor de “Walk on the wild side” es un obseso del sonido en todas sus posibilidades es innecesario.

Además, ya ha cambiado de tema, él solito. Ahora le preocupa que sus letras resulten difíciles de traducir. Alguien le ha dicho que “Vicious” no significa exactamente “vicioso” por lo cual, quiere saber si “Ecstasy” –que es el título de su nuevo álbum- es una palabra de fácil traducción al español. Diez minutos de explicación. A veces da la sensación de que este hombre está dispuesto a cualquier cosa con tal de no tener que contestar a las preguntas de rigor. Al final parece convencido. “O sea que entonces vicious es un adjetivo que en español sí  vale para una persona. Menos mal porque trata sobre una persona. Una persona que te pega con una flor”. [Hace un gesto como de golpear delicadamente con algo invisible, en referencia al estribillo de “Vicious” que dice “me pegas con una flor”].

Su preocupación por el tema de las traducciones da pie para que hable de otro trabajo reciente: POEtry, una ópera cuyo libreto ha escrito para Robert Wilson, tomando como base los poemas de Edgar Allan Poe. “La obra se estrenaba en Alemania y el traductor alemán me dijo que algunas cosas eran imposibles de traducir. Hay muchos juegos de palabras, expresiones que podrían tener varios significados, hasta cinco. Creo que optó por dejar algunas frases en inglés”. POEtry es su segundo trabajo con Wilson; el primero fue Time Rocker, una adaptación libre de La Máquina del Tiempo de H.G. Wells, para la que compuso las canciones. “Esta vez –dice ufano- he escrito yo los textos y la música. Yo escribí y Wilson escenificó. He estado leyendo a Poe sin para durante meses y meses. Usamos algunos temas ya escritos, por ejemplo, “The bed” o “Perfect day”. La idea la tuvo Mike [Rathke, su guitarrista desde 1989], que pensó que encajaban en la estructura de la obra. No fue algo planeado. Las palabras y la música de esos temas expresaban perfectamente lo que requería el momento. Toda la música se interpretó en directo por una orquesta. Ahora estamos negociando con la compañía para grabarla utilizando unos cuantos colaboradores invitados”.




Para desagrado de Reed, llega el momento de hablar de Ecstasy. Es un álbum de sonido crudo y producción seca. Es rockero en lo musical y amargo en lo literario. “Amargo no, agridulce”, puntualiza. Pues eso, agridulce. “Como la mayoría de mis álbumes, trata sobre las relaciones humanas. En este caso las relaciones están en un primer plano, son relaciones muy cercanas. Pero no consideraría que está escrito en un tono agrio. Vamos a ver, en un verso digo “eres imbécil, imbécil como mi pulgar”, eso es una broma. ¿Tiene humor, no?”
En la rueda de prensa ha dicho que el éxtasis es algo diferente para cada persona.
Así es. Cada uno alcanza el éxtasis de una manera determinada. Y Ecstasy es un disco que habla de diferentes tipos de éxtasis. El éxtasis amoroso, el anti éxtasis, el éxtasis de la negatividad. Son los altos y los bajos, la vida misma.
¿Cuál es tu forma perfecta de éxtasis?
Yo no hablo de mí. En las canciones hablan mis personajes y cada uno de ellos lo hace de sí mismo. Además, detesto explicar las canciones.
De acuerdo, lo enfocaremos de otro modo. En el álbum hay un tema de 18 minutos, “Like a possum”, que podría definirse como un éxtasis sónico.
Lo es. Yo rara vez hago temas tan largos y, tan largo como éste, no había grabado ninguno desde 1968.Así que imagínate cuánto tiempo llevaba dándole vueltas a la idea de hacer algo así. Un amigo me regaló un amplificador especial, construido especialmente para mí. Y me puse a probarlo. Nada más encenderlo y apareció ese sonido tan increíble. Y toqué durante horas. Dos acordes, una y otra vez, acompañado por la banda. Aquella improvisación fue convirtiéndose poco a poco en “Like a possum”. Nació de aquel sonido mesmerizante, hipnótico, enorme. Lo tenía ahí, frente a mis narices.

Los siguientes minutos los pasa escuchándose hablar sobre su nuevo fetiche –el tema en cuestión-, muerto de gusto. En completo éxtasis. “Es como un viaje muy seguro. El conductor es de total confianza”. Seguimos con el resto del disco. Lo coproduce Hal Wilner, un verdadero estilista sonoro. Fue el padre de los álbumes homenaje a Kurt Weill y Thelonius Monk. Trabajando en el primero de ellos, hace ya 15 años, conoció a Reed. “Grabé “September song” para Lost in the stars. Muchos años después volví a grabar con él otra versión del tema para otro disco  dedicado a Weill. Resultó muy interesante hacer lo mismo con un paréntesis de tiempo tan grande. Eso me ayudó a ver que Hal es magnífico, un tipo que aporta muchísimo a mi trabajo. Trabajaría con él el resto de mis días”.
Según ha declarado a un medio americano su autor, Ecstasy es un disco estructurado como un relato, con planteamiento, nudo y desenlace. “No, es una línea recta. Y cuando llegas al final quieres repetir el trayecto”. Justo en lo que podríamos denominar como la mitad del disco aparecen dos temas viejos, compuestos originalmente para Time rocker. “Uno de ellos, “Future farmers of America” ha sido uno de los temas favoritos de la banda durante años. Había que grabarlo y de hecho lo habíamos intentado alguna vez pero lo que salía no le hacía justicia. Musicalmente encaja muy bien en el disco. Y temáticamente también. Habla sobre la esclavitud. Una fábula de esclavitud en medio de historias sobre el éxtasis del amor o del desamor. Quedaba bien. Me encanta como suena. Me alegré mucho que pudiésemos grabar una versión digna para incluirla en el disco. Porque una vez concluyen las sesiones de grabación de mis discos, borro todo el material que no hemos usado. Si no lo hago la compañía de discos terminará publicándolo, es cuestión de tiempo. Quiero que  se edite la música en la que realmente nos volcamos, y que aparezca con la calidad de sonido que merece. Desde que descubrí que las discográficas sacarían cualquier cosa, sin que importe lo malo que sea el material, lo borro todo cuando nos vamos a casa. Adiós. Cero. Nada”. Y le lanza una mirada  en plan “para que veas” a la persona de su compañía discográfica que le queda más cerca.




A continuación, una breve charla sobre el programa de reediciones de su obra de los años 70. Está cabreado porque Arista [discográfica en la que estuvo de 1976 a 1980] no está dispuesta a colaborar para que discos como Take no prisoners (1978) sean remezclados e incluso ampliados respecto al repertorio original. “No te dan ninguna facilidad. Es asombroso lo poco que les importa. Me ofrecí a hacer las remezclas gratis, y ni por esas. Al final no sé qué ocurrirá”. Y así sigue Lou Reed, entre el cabreo perpetuo y el vacile barriobajero, ejerciendo de sí mismo como ahora y como hace 26 años. El éxtasis es algo diferente para cada uno de nosotros. Él parece alcanzarlo hablando sobre todo lo que tenga que ver con el sonido. Sonido digital. Sonido de amplificadores. Herramientas, programas. Cuando habla de remezclar Take no prisoners la razón no es otra que la siguiente: a mediados de los 70 se obsesionó con el stereo binaural sound (SBS), una variante de estéreo que sólo podía apreciarse con unos auriculares especiales tan caros como inútiles, ya que, hasta la fecha, el único artista que ha usado dicho sistema para grabar fue él. Todos sus álbumes entre 1976 y 1979 se hicieron en SBS. Ahora le apasionan otras cosas. “¿Tienes MP3?”, pregunta cuando se le interroga acerca de las posibilidades que brinda internet. “Ya veo que en España aún no ha cuajado. El otro día, en el aeropuerto de no recuerdo qué país los vendían por todas partes. Dicen que es todavía es un lujo pero también lo decían del mini disc y ya ves. Oh, y el DVD, qué increíble. Así es como deberían sonar los cedés. El sonido del DVD es un 200% mejor que el del cedé, créeme”.
Ecstasy se retrasó varios meses respecto a su lanzamiento inicial a causa del sonido. Mientras Reed grababa, cerca del estudio comenzaron unas obras. El ruido que generaban le hizo temer por la calidad sonora de la obra y pidió traslado de estudio. Ahora le echa un vistazo a la grabadora del periodista y descubre que tiene alguna que otra abolladura. “¿Seguro que esto funciona bien?”. Le señalo el micro estéreo para que se quede tranquilo. Levanta el aparato y estudia la marca. Parece quedarse conforme. Entonces se acuerda de “Like a possum”. “¿Has escuchado el tema con el volumen bien alto? Lo grabamos de un tirón y cuando lo escuchamos para ver cómo había quedado lo pusimos cerca de siete veces. [Pone cara de éxtasis y emite unos sonidos guturales cercanos al orgasmo]. ¡Salió los que buscábamos! ¡Sacamos a ese jodido hijo de puta de su madriguera! ¿Qué si la tocaremos en directo? ¡Por supuesto! No estoy muy seguro de que la gente quiera escuchar un tema de 18 minutos, pero nunca estoy seguro de lo que quieren escuchar”.






sábado, 25 de octubre de 2014

Podcast: Homenaje a Lou Reed ( y 3)




Cuando Lou Reed falleció en octubre del año pasado, pensé que una de las mejores maneras de recordarle y rendirle homenaje era seleccionando algunas de sus canciones menos recordadas, conocidas o valoradas. Sobre esa idea grabé tres podcasts. Puedes escuchar el tercero de ellos aquí.





jueves, 23 de octubre de 2014

Podcast: Homenaje a Lou Reed (2)




Cuando Lou Reed falleció en octubre del año pasado, pensé que una de las mejores maneras de recordarle y rendirle homenaje era seleccionando algunas de sus canciones menos recordadas, conocidas o valoradas. Sobre esa idea grabé tres podcasts. Puedes escuchar el segundo de ellos aquí.





miércoles, 22 de octubre de 2014

Lou Reed, David Bowie e Iggy Pop: el lado oscuro del glam




La versión original de este artículo fue publicada en PopEtc., el blog sobre música y cultura pop de El País. Como el blog y todos sus contenidos han desaparecido de la web del periódico  y acceder a ellos no es fácil, he optado por rescatar el post y colgarlo aquí con otras imágenes. 

En 1966, el único ser humano que había escuchado a Velvet Underground en toda Inglaterra se llamaba David Bowie. Había sido mod, pop y psicodélico, pero a pesar de su determinación, la fortuna se negaba a sonreírle. Tras un viaje a Estados Unidos para intentar promocionarle allí, su mánager le trajo el acetato de un disco todavía inédito que le había dado el mismísimo Andy Warhol. Cuando Bowie escuchó The Velvet Underground & Nico, se quedó atónito y cayó rendido ante la audacia de Lou Reed y su grupo.

Tres años más tarde, Bowie conoció a Nico en Londres. Había dejado ya a los Velvet y acababa de editar su segundo disco en solitario. Por entonces mantenía un extraño idilio con Iggy Pop, cantante de un grupo de Detroit llamado The Stooges. Nico estaba obsesionada con Iggy (quien reconoció años después que ella  le enseñó lo que era un cunnilingus) y sólo quería hablarle de él a aquel inglés delgaducho y afeminado. Por su parte Bowie no tenía el más mínimo interés en el tal Iggy. Lo único que deseaba es que Nico le hablara de cómo Lou Reed escribió las canciones que tanto le habían conmocionado.

No sería hasta 1971, cuando los Stooges ya se habían desintegrado, que Bowie descubrió su primer álbum mientras le entrevistaban en una emisora de San Francisco. Y una vez más, volvió a ver el cielo abierto. El reconocimiento y el éxito seguían eludiéndole, aunque no por mucho tiempo más. En 1972 se inventó el personaje de un rockero alienígena llamado Ziggy Stardust. Mezclando la influencia de sus iconos -Velvet, Iggy, Bolan, Warhol-  y algo de music hall británico, Bowie no sólo triunfó por fin, también alteró la música pop inventando el glam y ayudando a sembrar las semillas de lo que, unos años más tarde, sería el punk.


Iggy Pop, Angie Bowie, mujer sin identificar, Trevor Bolder -bajista de The Spiders From Mars- y Lou Reed, Londres, 1972.


Ese éxito fue el nudo que interconectó las carreras de Bowie, Reed y Pop, una especie de alianza caníbal que generó un intercambio de influencias, favores, homenajes y envidias que dejaron su huella en la historia del rock. Una relación que Dave Thompson exploró en el libro Your Pretty Face Is Going To Hell: The dangerous glitter of David Bowie, Iggy Pop & Lou Reed (Backbeat Books, 2009) y que en menos de un año vuelve a ser revisada en el documental DavidBowie, Iggy Pop & Lou Reed- The Sacred Triangle (Sexy Intellectual). Tanto el libro como el DVD se complementan perfectamente, ya que aportan información sobre ese triángulo nunca equilátero cuyos tres lados compartían el gusto por las drogas, el sexo y lo decadente. Una materia prima que produjo momentos gloriosos a partir de 1972, cuando Bowie, ejerciendo de alma filantrópica y amparado por su arrasador éxito, se dispuso a redimir las carreras de sus dos ídolos. Porque si bien Bowie había revolucionado a la juventud británica con The Rise And Fall of Ziggy Stardust & The Spiders From Mars y se disponía contagiar al mundo con la ziggymanía, Iggy Pop no era más que un zombie carcomido por las drogas, un apestado del que las discográficas no querían oír hablar gracias al kamikaze legado, musical y profesional, de los Stooges (Se dice que Elektra quiso fichar a Humble Pie y a T-Rex, pero ambos se negaron a grabar en el mismo sello donde estaban los Stooges). En cuanto a Lou Reed, desde que abandonara a Velvet Underground en 1970, había estado buscando una identidad musical que no terminaba de encontrar.




Respaldado por Tony DeFries, un mánager capaz de sacar oro de un montón de estiércol, y por la productora MainMan, Bowie produjo a Reed, dándole su primer éxito comercial y colocándole al fin, con el álbum Transformer, en el lugar que merecía, en medio de esa escena glam que tanto le debía a Velvet Underground y a Warhol. En realidad, el peso del trabajo en el estudio recayó sobre Mick Ronson, que fue mucho más que el guitarra de The Spiders From Mars. Porque además de drle identidad eléctrica a Ziggy Stardust, también se reveló como un fino productor y arreglista en canciones como "Walk on the wild side" y "Satellite of love". Una vez hecho Transformer, Bowie se metió en el estudio -esta vez sin Ronson- con unos revividos Stooges e intentó encauzar aquel caos produciendo Raw Power. El disco no vendió nada pero su furia sónica dictó las premisas que el punk seguiría tres años después.

Ziggy Stardust, Transformer y Raw Power. Tres hitos de toda una odisea artística que se gestó durante 1971 y 1973 entre Londres y Nueva York, con la inestimable colaboración de personajes secundarios como Cherry Vanilla, Wayne County, Leee Black Childers,  Danny Fields y Angie Bowie. Una historia apasionante que sirvió para consagrar a tres figuras clave del rock & roll, cuyo reverso quedó sintetizado cuando Bowie recordaba una noche cualquiera en el Max’s Kansas City, el club neoyorquino por excelencia, en la que él, Iggy y Reed compartían mesa sin absolutamente nada que decirse, espiándose furtivamente el maquillaje entre ellos.





martes, 21 de octubre de 2014

Podcast: Homenaje a Lou Reed (1)


Lou Reed por Oliviero Toscani

Cuando Lou Reed falleció en octubre del año pasado, pensé que una de las mejores maneras de recordarle y rendirle homenaje era seleccionando algunas de sus canciones menos recordadas, conocidas o valoradas. Sobre esa idea grabé tres podcasts. Puedes escuchar el primero de ellos aquí.



Lou Reed por Oliviero Toscani


lunes, 20 de octubre de 2014

Hablando con Lou Reed (1)





En diciembre de 1995, unos días antes de navidad, hablé con Lou Reed en su oficina de Sister Ray Enterprises, en Nueva York. La entrevista se publicó en El País Semanal en febrero de 1996 con motivo de la publicación de Set the twilight reeling.

Un frío endiablado envuelve Nueva York, decorado con sus mejores galas navideñas. El anunciado temporal de nieve presagia carreteras y aeropuertos paralizados. Pero la ciudad no se inmuta. El Soho, el barrio bohemio de la tercera ciudad más poblada del mundo, donde convergen galerías, marchantes de arte, clubes de música, y despachos de representantes artísticos, mantiene, a pesar del gélido día, su peculiar pulso cotidiano.
Tiendas de ropa, librerías, cafés y vendedores callejeros forman un paisaje de película de Scorsese. Aquí, a seis pisos de altura, un amplio loft acoge la oficina de management de Lou Reed, el hombre que comenzó en el rock haciendo canciones "para los de las filas de atrás" cuando formaba parte del grupo The Velvet Underground.

A punto de cumplir 53 años, Reed disfruta de una consolidada madurez artística. Durante los setenta, su nombre fue sinónimo de rebeldía. Era un artista molesto ante el rechazo de la fama y hubo de conformarse con ser un artista de culto -a pesar del éxito de "Walk on the wild side"- a medida que su imagen suicida, alimentada por una estética excéntrica y una estrecha relación con las drogas, eclipsaba su música. Reed intentó durante la década siguiente alejarse de todo aquello con discos sobre vida hogareña y placeres campestres, pero el público no encajó bien el cambio y, exento de todo morbo, el cantante se enfrentó a otro tipo de indiferencia.





Hoy sigue sin ser un artista de masas, pero desde 1989, año en que editó New York, ostenta el título de genuino poeta rockero de la Gran Manzana. Está  a punto de editarse su trigésimo  álbum, Set the twilight reeling y eso, muy a su pesar, obliga al autor a recibir a la prensa. En la oficina, sus ayudantes trajinan, café‚ en mano, con los ordenadores. Discos de oro y cuadros de viejos amigos de la Factory de Andy Warhol -el lugar en el que se consolidó como músico- dan color a las paredes. Y a pesar del cálido ambiente, en la habitación del fondo -el despacho de Reed- quizás haga frío. Su carácter es impredecible. Cuando se le pregunta al representante de su discográfica si se puede fumar en su presencia, este le pregunta a su secretaria, "¿fuma Lou últimamente?"
Al poco aparece Lou Reed. Chaleco acolchado, suéter de cuello cisne, melena rizada, piel cerúlea y ademanes rígidos. En estas mismas páginas, en 1992, Rosa Montero definió con precisión al personaje como un oráculo severo. Ahora, sentado tras su escritorio, con semblante serio y resignado, recuerda a la esfinge egipcia que proponía acertijos a los caminantes, fulminando a quienes no acertaban a resolverlos. Pero también sonría, como cuando se le pregunta su opinión acerca de que Velvet Underground hayan pasado a formar parte del Rock& Roll Hall Of Fame. "Está bien obtener reconocimiento. De todos modos, nosotros siempre supimos que éramos buenos".

Sus dos últimos trabajos, Songs for Drella y Magic and loss, giraban alrededor de la pérdida de seres cercanos afectivamente. Su nuevo álbum, sin embargo parece surgir del amor y de un cierto estado de autoaceptación.
-Aquellos  álbumes fueron parte de una trilogía que surgió con New York- contesta mientras garabatea sobre un folio-. Magic and loss era un trabajo sobre la muerte pero enfocando el tema de un modo muy positivo, sobre cómo aceptarla. Hoy está muy presente, incluso entre la gente joven, a causa del sida. Cuando yo era joven no había que preocuparse por esas cosas. Set the twilight reeling habla del proceso de crecer y cambiar. Surgió como una reacción ante mis discos anteriores. Cuando terminé Magic and loss me dije, “¿hacia dónde puedo ir ahora?”

Esta vez apuesta de nuevo por un rock directo, de guitarras contundentes y de arreglos básicos.
Trabajé el sonido muy a fondo y creo haber encontrado lo que buscaba. Este elepé tenía que reproducir exactamente lo que hicimos con el estudio. Yo mismo me ocupé de la producción, construí un estudio casero e hice una selección de mis amplificadores y guitarras hasta dar con los elementos más adecuados.

Parece satisfecho con el resultado.
¡Absolutamente! Mis discos anteriores son buenos, pero carecían de algo... y Set the twilight reeling tiene ese algo. Aquí las canciones suenan igual que cuando las tocamos en directo. Y eso es algo de lo que no puede presumir todo el mundo.





Nueva York es una constante en su obra, ¿Lou Reed sería el mismo si viviera en otro lugar?
No, en absoluto. La manera en que miro las cosas, mi sensibilidad, la información que recibo... todo eso está  perfilado por esta ciudad. En este disco hablo de mis recuerdos de niñez, en Brooklyn, y hay una canción, "NYC man", que es una declaración de amor a esta ciudad.

En Blue in the face -la película que rodaron Wayne Wang y el escritor Paul Auster al acabar Smoke-, aparece contando sus impresiones sobre Nueva York.
¿Ha leído el libro que con los guiones de la película? En él Paul Auster dice que yo soy lo mejor de Blue in the face. Paul es amigo, y me pidió que me colocara delante de la cámara e improvisara, que hablara sobre Nueva York tal y como lo hago normalmente.

¿No le asusta a veces la crueldad de esta urbe?
Es una ciudad imposible, pero la amo. Me encanta su gente, su cultura, su arte, su música y todo lo que aquí sucede. Cuando estoy fuera la echo de menos... De todos modos, estadísticamente, la violencia ha bajado.

Mas bien me refería a la violencia cotidiana.
¿Es la gente de aquí maleducada con usted? Mire, vaya donde vaya siempre encontrar  personas que se comportan como auténticos cerdos. Ayer mismo, en mi edificio, una anciana se metió conmigo, fue terriblemente grosera, y eso que jamás la había visto en mi vida. Le dije a Laurie [Anderson, artista multimedia y actual compañera sentimental de Reed, a la cual está  dedicado el disco]: “¿qué le he hecho a esa mujer para que me trate así?”. Y ella me contestó: "esto formaba parte de tu destino hoy". Pero eso puede ocurrir en cualquier lugar. Estoy convencido de que la mayoría de los neoyorquinos son buena gente. Una vez constatan que no pretendes sacarles nada son encantadores.





Una de sus letras capta esa especie de esquizofrenia propia de cualquier gran urbe: "suena como unos fuegos artificiales, o un arma disparada en el edifico contiguo"...
Eso es Nueva York, pero la adoro. Esa canción habla de los celos. No hay nada más degradante y más vil, nada que te haga sentir más gilipollas y ruin que los celos. Desearía no volver a padecer ese sentimiento. Por cierto, los españoles son expertos en celos.

Supongo que eso pertenece al gran tópico sobre la pasión latina.
Oh, voy a contarle una historia muy divertida...

Y comienza a hilar una de sus narraciones, gesticulando, moviendo sus manos de un modo que no es ni masculina ni femenina. Enfatiza cada frase con muecas y ademanes propios. Se remonta al año 1974, cuando publicó Berlin, una ópera rock protagonizada por dos amantes predestinados a la fatalidad.
 ... todas las fotos del disco eran en blanco y negro, solo una reproducía una rosa roja. Pues el rojo de esa foto en la edición española era el más sangriento y apasionado de todos. Cuando lo vi me dije, "ah... los españoles".

¿Sabía usted que ese disco y su libreto fueron víctimas de la censura franquista?
La primera vez que toqué en España [marzo de 1975] el público me pedía a gritos "Heroin". [En las ediciones españolas de sus discos, la canción no pudo ser incluida hasta 1977] Había policías en el backstage y uno de ellos se acercó y me dijo: "si cantas esa canción nunca saldrás de aquí".

¿Y qué hizo?
¡No la canté! Me amenazaban con llevarme a la cárcel... ¡por cantar una canción!. Esa gente hablaba en serio así que les dije “¿qué canción?, no sé de qué me están hablando?” -Bizquea los ojos y estalla en una carcajada rotunda y breve-. Hace años, cuando visité al presidente checo, mi amigo Vaclav Havel, me pasó un libro escrito y encuadernado a mano con todas mis letras. ¿Sabía usted que mi antiguo grupo, The Velvet Underground, fue una influencia capital en la lucha por la libertad en aquel país? Los partidos clandestinos se amparaban en una revolución intelectual a la que bautizaron the velvet revolution.
Bien, pues Vaclav me dijo, "hasta hace muy poco, si te encontraban leyendo esto ibas preso". Cuesta trabajo entender cosas así.





Ha escrito un agrio comentario sobre el partido republicano, "Sex with your parents". En él arremete contra el senador Bob Dole.
Dios mío, ¡es que aquí está  empezando a ocurrir algo parecido! Este país se está  volviendo muy conservador, por eso escribí esa canción.... Ahora que recuerdo, hace seis años estuve tocando en España y los separatistas vascos pusieron una bomba muy cerca de donde yo estaba. ¿Y dice usted que Nueva York es una ciudad violenta? Aquí pueden pasar muchas cosas, pero no colocan bombas -dice Lou Reed, sin recordar el atentado que no hace mucho sufrió el World Trade Center, inevitablemente ajeno al hecho de que, un día más tarde, un perturbado perpetró una matanza en una zapatería de la ciudad-.

Pero usted no suele mezclar su música con la política, ¿qué le ha impulsado a hacerlo esta vez, de un modo tan inequívoco?
Los republicanos son terriblemente desagradables y me tienen muy cabreado. Detesto a la gente que te dice lo que puedes leer o ver, son los mismos que en su país censuraban los discos o las películas... Odio a la gente que dice saber lo que te conviene, que dice, "he leído esto y tú no debes leerlo, créeme, se lo que es bueno para ti".

¿Cómo se refleja esa situación?
El caso más significativo fue el de la prohibición de la exposición del fotógrafo Robert Mapplethorpe en Washington D.C. O los recortes de los presupuestos para la cultura, cada vez menores. En ese aspecto vamos hacia atrás y eso no es algo de lo que uno pueda estar orgulloso. Creo que la gente se va a hartar, se van a dar cuenta de quiénes son y los van a echar del senado. No creo que el pueblo americano... -coloca la voz para simular la oratoria de un político en pleno discurso, para regresar de inmediato a su tono natural-... quiera que esa gente le represente, ya tuvimos bastante con Bush. Y con Reagan; su único legado ha sido el déficit y la muerte. Se encargó de que ciertos programas políticos nunca pudieran llevarse a cabo, ni siquiera hizo falta que los anulara legalmente. Simplemente no se pueden llevar a cabo porque cuestan mucho dinero.

¿Diría que esa política se traduce también en una lenta pero inexorable represión sexual?
Todavía tenemos que estar defendiendo los derechos de los homosexuales. ¡Por el amor de Dios, estamos en 1996! Hace tiempo que deberíamos haber dejado de preocuparnos por esos temas. Además, ¿por qué tenemos que meternos con lo que hagan otras personas con sus vidas? Nuestro gobierno insiste en ello. Que dejen de una vez a las mujeres resolver sus problemas como quieran, todo esto se cae por sí solo de puro caduco. La acumulación de tantas barbaridades me condujo a grabar "Sex with your parents" un 4 de julio.

La biografía promocional que acompaña a su nuevo  álbum asegura que usted tiene una innata habilidad para mentir, ¿es eso cierto?
Por supuesto, ¡yo mismo la escribí! Me encanta eso, me encanta que se lea que el artista, al cual se suele encumbrar del modo más cursi en ese tipo de escritos, aparezca como un mentiroso. Pero es solo una broma, un guiño. Soy un narrador, alguien que cuenta historias. Y para contar historias es imprescindible la invención.

A veces da la impresión de que usted forma parte de su colección de personajes.
Sí, a veces soy incluso el personaje protagonista.

¿Lo es en las canciones de amor de este disco?
En "The proposition" digo que todo en este mundo necesita algo que le de sentido. La flor necesita a la semilla, la vacuna necesita a la enfermedad… y al final acabo diciendo: "... y tú me necesitas a mi". Es una canción de amor. Lo demás puede tomarlo como quiera.

¿Cree en la madurez?
Siempre he procurado expresarme del mejor modo posible. He perseguido una cierta consistencia en lo que hacía y creo que lo he conseguido. Esta vez he alcanzado mis máximas posibilidades. Este álbum tiene mucho que ver con todo eso: saber analizar la experiencia y hacerla funcionar en tu beneficio.